De todas las cosas negativas que existen en nuestro mundo, la peor de ellas es ver la televisión. Un mando a distancia, una sobremesa larga y, como todos los días, las esperadas noticias. ¡Qué haríamos sin ellas! Una lástima que solo se escuchen noticias negativas, tristes y desesperantes en nuestros días. Corrupción, guerra, asesinatos, robos y la crisis migratoria. Miles de humanos que abandonan sus hogares motivados por el horror de guerras, epidemias, hambrunas y desolación.

Fuente: Un siglo en guerra

Soy biólogo. Desde mi punto de vista, la migración es un suceso perfectamente entendible y racional, ya que la vida siempre busca el camino de la supervivencia, desde los llamativos colores de la avispa, avisando de su toxicidad, pasando por la orina de la mofeta y las garras del león, capaces de desgarrar a una persona en pocos segundos. Cada día luchamos contra un mundo hostil que nos pone pruebas para las que, seguramente, no estamos capacitados.

El drama de la inmigración se salda vidas todos los días, siendo portada de noticieros y periódicos. Por desgracia, la mayor parte de las veces, esos supervivientes no son bien aceptados en nuestros países occidentales, siendo excluidos, humillados y expulsados.

Ante esta reflexión me hallaba yo, viendo al siempre eterno Matías Prats hablando de este asunto, cuando pensé: “¡qué ironía! Es increíble lo rápido que olvidamos nuestros orígenes los humanos”. Por eso quiero lanzarte a ti, lector, esta sencilla pregunta: ¿de dónde eres? ¿De dónde son tus padres? ¿Y los padres de tus padres? Si te atreves con estas sencillas preguntas, sigue cuestionándote lo mismo hasta que no encuentres la respuesta. ¿No sabes de dónde proceden tus tatarabuelos? No te preocupes, es algo natural. En este artículo, vamos a descubrir de dónde vienen los primeros padres de la humanidad.

Fuente: Template.net

Valiosa herramienta la genética, ya que con ella se callan muchas bocas ignorantes. Antes de que la genética revolucionase nuestras vidas, el hombre blanco se creía el culmen de la creación, la perfección hecha hombre. Uno de los argumentos de la esclavitud del hombre negro fue su supuesta “inferioridad como raza”, basada en que el hombre blanco apareció en la Tierra mucho antes que los habitantes de África, Asia y la América precolombina. ¿Te sorprendería saber que el hombre negro fue el primer ser humano que pisó la Tierra? Así es, ni los europeos, ni los americanos, ni los asiáticos; los primeros seres humanos tenían una hermosa pigmentación oscura en su piel, migrando desde el corazón de África hasta Europa, China, Australia y América.

Fuente: Mi historia universal

La historia evolutiva de nuestra raza comienza con la caída de un famoso asteroide. Hace 65 millones de años los reyes de la Tierra, los dinosaurios, se extinguieron de la faz del globo y dieron paso a los mamíferos, unas extrañas criaturas muy parecidas a ratas que se esconden en improvisados agujeros bajo el suelo. Hace 63 millones de años, este grupo sale de las tinieblas del tiempo y conquista el planeta. Desde la cobaya que tienes en casa, pasando por la gigantesca ballena y el poderoso gorila, los mamíferos se diversifican y toman el poder. Es en este contexto donde ocurre la historia más bella de nuestra familia.

En el corazón de África, donde se perdió el doctor Livingstone, habitaba hace 4 millones de años un simio singular en toda su familia, el australopithecus. Su vida era feliz y tranquila, alimentándose de manjares que crecían en las frondosas selvas del Sahara oriental, pero su paz fue muy efímera, pues varios sucesos geológicos de magnitudes colosales arruinarían este sueño de vida, empujando a nuestros antepasados a tomar una decisión sin precedentes. Por todo estudiante de geología y geografía es conocido el asombroso Valle del Rift:

Fuente: Aterrageo

Esta cadena montañosa se eleva y anchea cada año, empujada por el movimiento lento pero inexorable de las placas tectónicas en su deriva constante. La elevación de estas altas cumbres impide, actualmente, la llegada de las lluvias al interior del continente africano, empujadas por los vientos que soplan desde el Índico. Sin lluvia no hay selva, sin selva no hay alimento, sin alimento no hay vida. He aquí la razón de la aridez del Sahara. Pues bien, nuestro tatarabuelo agonizaba tumbado en su rama, de sed y hambre, cuando en su mente surgió una idea: migración. Es la lucha por la supervivencia, lucha o muere, por lo que nuestro pequeño australopithecus decidió vivir y, gracias a su valentía, estamos aquí hoy. Posteriormente, su decisión sería imitada por otros homínidos, parientes suyos, caminando hacia su destino: la conquista del mundo.

Fuente: Biologia-geologia

El Homo habilis, un manitas de los tiempos primigenios, llegó un buen día a lo que hoy es Oriente Medio, la tierra de los ríos. Desde aquí planeó su cruzada; fueron los territorios, que hoy devasta la guerra, nuestro puerto de salida hacia Asia y Europa. El hombre moderno, descendiente de este habilidoso homínido, el Homo sapiens, toma el relevo a su predecesor y llega a España y Francia, recorre el camino hacia el Este y funda China, Rusia y la India. No está cansado del viaje, tiene todo el tiempo del mundo y, aprovechando el frío invierno, cruza el estrecho de Bering, en el norte de Asia y coloniza América. Ya está hecho, tenemos el dominio total del mundo.

Fuente: Wikipedia

Todo este proceso fue iniciado por un valiente tatarabuelo africano nuestro, con ganas de vivir y determinación para hacerlo. Es esta fortaleza la que nos permite ir a clase, a trabajar, a divertirnos un jueves noche o a realizar hazañas sin igual. ¡Gracias abuelo africano!

Por tanto, la próxima vez que te pregunten de dónde eres, simplemente tienes que responder: “ahora vivo aquí, pero mi familia es de África, todos venimos de allí”. No olvidemos que nuestros orígenes fueron los más humildes posibles, salimos del corazón del “tercer mundo”, desnudos, casi sin poder hablar, luchando por sobrevivir del abrasador calor y de las penurias de la selección natural.

 

Autor: Valentín Estévez Souto