¿Por qué soñamos? ¿Por qué no recordamos casi nada de cuando éramos pequeños? ¿Por qué hay personas que pueden memorizar grandes cantidades de información y otras no? ¿Cómo aprendemos? Estas son algunas de las preguntas que los neurocientíficos llevan años intentando responder. Se podría decir que el cerebro es el órgano del cuerpo humano más complejo y por eso, sigue siendo el mayor desconocido. Sin embargo, la gran cantidad de estudios científicos y los grandes avances tecnológicos han permitido que vayamos descubriendo poco a poco cómo funciona y que podamos utilizar estos conocimientos para aplicarlos en nuestra vida diaria.

Uno de los ámbitos donde se aplican estos conocimientos es en la educación. Cada pequeño aprendizaje, por pequeño que sea, produce un cambio en nuestro cerebro. Por tanto, no es difícil comprender por qué el conocimiento de cómo funciona es tan útil a la hora de enseñar y aprender. Así pues, la neurodidáctica es la disciplina que se encarga de aplicar estos conocimientos a mejorar el proceso de enseñanza y crear un modelo educativo eficaz.

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¿Cómo aprende el cerebro?

Un ser humano nace con 100.000.000 de células nerviosas, pero lo importante no es tanto la cantidad sino el número de uniones entre ellas o sinapsis. Estas conexiones crean largas “carreteras de conocimiento” y, cuanto más transitada sea una carretera, más firme será dicho conocimiento. De este modo, podríamos decir que aprender no es más que crear nuevas conexiones, fortalecer y ampliar las carreteras que ya existen

Llegados a este punto, la pregunta que debemos hacernos es: ¿Cómo podemos hacer para que estas conexiones tengan lugar? A día de hoy no se sabe exactamente cómo aprende el cerebro, cómo teje la red de carreteras para guardar la lista de preposiciones que te aprendiste hace años o cómo, después de un tiempo sin utilizarla, te vuelve a la memoria en un segundo si digo: a, ante… Sin embargo, gracias a todas las investigaciones realizadas, si se pueden afirmar algunos puntos de manera muy segura de cómo funciona el cerebro:

  • Se aprende más rápido haciendo que viendo. Las neuronas espejo forman parte del cerebro y nos permiten aprender sin darnos cuenta mientras vemos al otro cómo lo hace. Estas son de gran utilidad, pero es bien sabido que cuando uno puede experimentar por sí mismo aprende mucho más rápido. Esto se debe a que cada estímulo que llega fortalece, en cierta manera, la carretera del conocimiento. En el primer caso, solo existe el estímulo visual, mientras que en el segundo los estímulos son mucho más abundantes y diversos.

  • Lo desconocido excita el cerebro. El cerebro recibe constantemente tal cantidad de estímulos que tiene ir seleccionando de forma continua los más importantes para no saturarse. ¿Y cuáles elige? Los que le llaman la atención, los nuevos, los que informan de cambios en el entorno. Esta es una respuesta biológica muy útil ya que nos alerta de los peligros que puedan aparecer alrededor pero también nos despierta la curiosidad hacia lo nuevo. Esta selección provoca que el cerebro busque relaciones entre lo que ya conoce y cree nuevas conexiones entre sus neuronas, favoreciendo así el aprendizaje.
  • Los contenidos nuevos se asimilan más rápido si se pueden relacionar con conocimientos previos. El cerebro está continuamente comparando la nueva información con lo que ya conoce. Al recibir un estímulo el cerebro activa todas las redes nerviosas que guardan una relación con él e inserta a continuación lo nuevo. Así, si se ayuda al alumnado a relacionar los nuevos contenidos con lo que ya sabe, asimilará mejor la nueva información.
  • Las emociones son clave para que pueda haber aprendizaje. Las emociones son fundamentales en la formación de la memoria. Hay una zona del cerebro, el sistema límbico, que recibe los estados emocionales, incluso antes de que seamos conscientes, y decide sobre cuales vamos a actuar. A continuación, la corteza compara estas emociones y experiencias con situaciones anteriores para entender qué está pasando. Los sentimientos intensifican esta búsqueda ya que refuerzan las conexiones al transitar las carreteras muchas más veces.

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En resumen, aprender significa crear nuevas conexiones que permitan ampliar las carreteras neuronales que ya tenemos y la neurociencia, aún no teniendo la respuesta a cómo debe ser la educación, ayuda a entender cómo funciona el cerebro para que se puedan plantear mejores y más efectivos proyectos educativos.  En VermisLAB aplicamos los conocimientos que nos aporta la neurociencia a la hora de programar nuestras clases, facilitando un ambiente donde la curiosidad, la diversión y la motivación estén presentes cada día. 

Bibliografía:
Friedrich G. y  Preiss G. (2018). Neurodidáctica. Cuadernos Mente & Cerebro, (20), 12-19